Mi apellido es Rodríguez, no Kennedy.

5 - En la puerta de la iglesia de Lourdes, es perfecto, ahí hay graffiti. Caiga.

 

Debo confesar que pequé por incrédulo cuando DEXS, uno de la los miembros de la famosa Ink Crew, me llamó y me contó que traería a Bogotá a un histórico artista urbano que había hecho parte de la denominada “Escuela Original” del graffiti de los 70´s en Nueva York. Esta escuela fue la que formó, precedió y construyó los fuertes cimientos para el nacimiento y desarrollo de la icónica y emblemática “Old School” de los 80´s. Para los nuevos en este tema, esa “vieja escuela” es el referente mundial más grande de la cultura graffiti, que hoy en día recorre y se apropia de todas las esquinas de nuestro lánguido mundo.

Antes de llegar a su encuentro, deliberadamente evité hacerme una imagen de cómo se vería MICO (apodo que ha llevado por más de 40 años), tanto, que me costó ubicarlo entre hippies y transeúntes, hasta que oí la voz de Dexs, quien reconociendo mi extravío, gritó mi nombre para luego proceder a presentarnos. MICO era un tipo normal, grande y robusto, distante, como cualquier adulto que ve a un grupo de jóvenes con una cámara de video.

Con una serie de cortas preguntas referidas al motivo de la entrevista y el lugar de ubicación (cerca de las puertas de la iglesia) dimos paso a una conversación emocionante, madura, reflexiva y vital, que palpitó desde el primer momento que MICO mencionó la palabra graffiti.

Mi primer interés era borrar mi escepticismo sobre su papel en la Escuela Original de los 70´s, al fin y al cabo los colombianos no hemos perdido nuestra capacidad del asombro sobre lo positivo, sobre lo negativo en cambio, todo lo esperamos. Pausado y con un tono “latino” pero respetando en cada coma, el castellano que aprendió de niño, me contó que salió de su natal Barranquilla, a los 14 años, un 20 de julio de 1969. Con cortas sonrisas, recordó, que su viaje a nueva York, fue el mismo día del primer viaje de un hombre a la luna . Tan solo unos meses después de su llegada, MICO dio sus primeros pasos hacia al graffiti, era el momento perfecto, cuando ya empezaban a darse los “ataques” de artistas anónimos a las paredes de la ciudad.

4 Fue en la secundaria “Erasmus High School” donde empezó a rayar las primeras paredes, pero meses después y para salir a competir con otros artistas dio el salto a las calles con un crew conformado por un par de antioqueños y un gallego; la primera crew hispana de graffiti del mundo “los salvajes” –recuerda-.

“Queríamos ser famosos” me dijo, “era nuestro único objetivo” motivo por el cual escogieron el mejor medio de transporte a la fama: los trenes. Y así, sus nombres empezaron a viajar desde Brooklin al Bronx, pasaron por Manhattan y llegaron a Queens. Esas ilusiones de jóvenes que no hace mucho habían dejado la niñez, les alcanzaron para anhelar aparecer algún día en una película rodada en la ciudad o en una revista, “queríamos salir en la pantalla por eso también empezamos a pintar camiones”.

3 Pero luego de un par de años de practica, y de que algunos alcanzaron la ansiada fama, llegó la persecución, y a los 16 años MICO fue apresado junto a SLIM ONE un artista chino -que viajó a los Ángeles para desaparecer- en manos del famoso detective Schwartz, quien capturó a los mejores artistas urbanos de esa generación. Una labor nada sencilla, teniendo en cuenta que los artistas utilizaban un método de guerra de guerrillas en sus salidas, atacando en distintos lugares para no dejar rastro o sospecha. Todo era planeado en la calle 149 en pleno Bronx en donde en el “Writer´s Bench” (el primer piso de una estación de trenes) veían en las noches todo lo que habían pintado en su día de “trabajo” y planeaban su siguiente “ataque”.

En Writer´s Bench se daban cita los primeros fans del graffiti, que llegaban con sus “black books” para recibir un autógrafo y donde oían boquiabiertos a los artistas hablar sobre los lugares que se estaban poniendo “calientes” por la vigilancia policial. Para cualquier artista de la época –afirmaba MICO- era de vital importancia conocer detalladamente los “caminos secretos” de los túneles de los trenes y las yardas donde estos eran parqueados, y sobre todo, nunca dejar en casa, la herramienta básica de este oficio: una llave maestra para abrir cualquier candado. También era importante -recalcó MICO- saberse rodear, era vital saber con quién pintar, los chicos muy jóvenes –toys-, hacían mucho ruido y pintaban dentro de la estación, era un error evidente dejar un rastro escrito del artista y su nombre.

Tan perfectas eran las estrategia que se planearon para atacar los trenes que luego de unos años de mano dura contra el graffiti, la ciudad de Nueva York declaró una rendición tácita ante el mismo. Fue cuando se empezaron a traer trenes recubiertos en acero inoxidable, superficie que lograba poder quitar pintura de spray “con la misma saliva”. Esta medida en particular, puso fin a los graffitis en el exterior del metro. MICO –con cierta nostalgia- contó como le propusieron a las autoridades neoyorquinas que les permitieran pintar uno sólo de los cientos de trenes que recorrían y recorren la gran manzana. Cómo era obvio, fue rechazada, al parecer, la política y el graffiti hablan distintos idiomas.

Y al mencionar a los políticos MICO perdió su apacible actitud y con un tono fuerte y severo y articulando verdades incendiarias, empezó a cuestionarlos y enfrentarlos; para él, los grandes dramas de las sociedades son responsabilidad de los políticos no de los graffiteros, pero los policías igual persiguen a los artistas urbanos, queriendo crear una malsana ficción de seguridad ante la sociedad al estar dando peleas contra el “crimen” mientras que en las mismas calles en las que se persigue a los graffiteros los verdaderos criminales, roban, violan y matan.

1 Una vez recuperada la calma, -que sólo perdería otra vez al recomendar el no consumo de drogas- nos contó que en el graffiti callejero sólo estuvo realmente activo de 1970 a 1976 y que lo había abandonado cuando su práctica se empezó a hacer una competencia hostil, y se empezaron a tapar obras callejeras entre artistas (la única violencia permitida entre ellos), y que por tal razón, y tratando de prolongar su obra en el tiempo, decidió pasar su arte de las calles al lienzo (como muchos artistas de su época), contando con un notorio pero predecible éxito.

En este ejercicio -que se hizo su vida misma- fundó lo que el denominó “Realismo Social Abstracto” por medio del cual le puso un tono a su obra de denuncia social y política de la realidad de Estados Unidos y el mundo con “cierta abstracción callejera”; son famosas sus obras que consignan mensajes como “Hang Nixon” (Cuelguen a Nixon) y gritos de libertad artísticos por Mandela y Puerto Rico, -la colonia americana- se lamentó MICO.

Hoy en día MICO trae a Colombia una técnica tan obvia como trascendental, a la que ha denominado “Writing Reciclador”, que busca integrar la basura de la calle a la pared, y con esos elementos –los desechos- componer la pieza graffiti, un acto de “hacer a la basura arte” -en sus palabras-. Hace un par de días dejó una de sus obras en Barranquilla, lugar que visitó primero que Bogotá.

Claramente emocionado, nos contó que el ambiente actual de Bogotá y de Colombia es el mismo ambiente que tenía Nueva York cuando siendo casi un niño aterrizó en Brooklin, lo cual –afirmó- es perfecto para el desarrollo del graffiti. Cómo único consejo, le envió un mensaje a la juventud graffiti respecto de un enemigo inminente: las drogas, que aunque consumió durante una época de su vida, lo único que lograron fue nublar su creatividad, y recordó con nostalgia, la muerte de Stay High 149 el “Mohammed Alí” del graffiti neoyorquino que hace unas semanas fue víctima de unas agujas “sucias” utilizadas para el consumo de drogas.

A Mico no le gusta la expresión graffiti, dice que fue un invento racista del New York Times para explicar una expresión cultural de la clase obrera. Con severidad afirmó, que si hubiesen sido un Kennedy, un Bloomberg, un Thrump, los hubiesen llamado “Avant Garde” o “Pop Art”, pero, al ser este movimiento fruto de las manos de los hijos de los trabajadores fue llamado graffiti, el plural italiano de la palabra garabato, peyorativo y racista, en cualquier caso.

Para él el “graffiti” le mostró la gran diferencia entre saber dibujar y poder dibujar, siendo la última la única importante, ya que gracias a poder dibujar en paredes pudo canalizar la rabia adolescente, y nunca creer los mensajes oficiales de la prensa y los políticos, y es que en ese poder dibujar –afirmó- es donde se cruza una oportunidad para nuestros presentes y futuros talentos, la oportunidad de tener una nueva vida a través del graffiti, y autoconvencerse que aunque todos lo quieran negar, cualquier personal, venga de donde venga, puede dibujar.

2 Tan convencido está que es éste el momento del graffiti en Colombia, que MICO, piensa regresar en un término no mayor a dos años, comprar un edificio para abrir una galería para artistas graffiti, con un pequeño almacén de venta de elementos para esta practica, y de este modo completar su ciclo vital, en su natal Barranquilla y cumplir con su cometido y destino existencial: seguir haciendo historia en el graffiti.

Fotos: Nicolás Fernández

P.D. MICO estará dando una conferencia, junto con otras glorias del graffiti nacional, el próximo viernes 29 de junio en el Teatrino del Jorge Eliecer Gaitán, Carrera 7ª 22-47, a las 5.pm. Entrada Gratis.

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